El sector social de la economía en México.

Las definiciones principales de la Economía Social y del Sector Social de la Economía se ubican en: 1) La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos;  y 2) la Ley de la Economía Social y Solidaria.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. 

Artículo 25º. “La ley establecerá los mecanismos que faciliten la organización y la expansión de la actividad económica del sector social: de los ejidos, organizaciones de trabajadores, cooperativas, comunidades, empresas que pertenezcan mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores y, en general, de todas las formas de organización social para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.”


Ley de la Economía Social y Solidaria.

Artículo 3o. “El Sector Social de la Economía es el sector de la economía a que hace mención el párrafo séptimo del Artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual funciona como un sistema socioeconómico creado por organismos de propiedad social, basados en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad, privilegiando al trabajo y al ser humano, conformados y administrados en forma asociativa, para satisfacer las necesidades de sus integrantes y comunidades donde se desarrollan, en concordancia con los términos que establece la presente Ley.”

Artículo reformado DOF 11-06-2013 


Artículo 4o. “El Sector Social de la Economía estará integrado por las siguientes formas de organización social: 

  • I. Ejidos; 
    II. Comunidades; 
    III. Organizaciones de trabajadores; 
    IV. Sociedades Cooperativas; 
    V. Empresas que pertenezcan mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores; y 
    VI. En general, de todas las formas de organización social para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.” 


Latinoamérica

"Vamos a adoptar en este trabajo el término “Economía Social, por su estatus teórico ya al­canzado, para contraponerlo a las vertientes de la Economía “a secas” (economics) y la Economía Política (Ver anexo al final de este capítulo). Nos referimos a una concepción que pretende supe­rar la opción entre el mercado capitalista (al que asocia con la Economía “a secas”) y un Estado central planificador y regulador de la economía (al que asocia con las variantes del socialismo y la Economía Política). Plantea que el mercado capitalista debe ser superado porque es alienante en sí mismo, máxime por estar dominado por el poder de los grupos monopólicos que manipu­lan los valores, necesidades y formas de sociali­zación a través de su control de la comunicación social y además ahora tiende a excluir a ingentes mayorías del derecho mismo a ser consumidor y productor. Plantea que el Estado centralizado debe ser superado, porque sustrae poder de la sociedad y asume la representación de un bien común nacional actuando como delegado que, en ausencia de una democracia sustantiva, fácil­mente cae en la tentación de obedecer a los inte­reses de los grupos económicos más concentra­dos, haciendo “gobernable” un sistema injusto y socialmente ineficiente. Esa doble superación se lograría evitando la separación entre economía y sociedad que caracteriza al paradigma neoli­beral, pero a la vez evitando la intrusión de la política. Tal vez así se entienda su denominación expresa de “Economía Social”. 

Esta vertiente –bajo diversas variantes, como ya veremos– ve la posibilidad de desarro­llar una socioeconomía, en que los agentes eco­nómicos no son escindidos de sus identidades sociales, mucho menos de su historia y de su in­crustación en el mundo simbólico e institucional que denominamos cultura. Al ver la economía como inseparable de la cultura, la Economía So­cial la mira como espacio de acción constituido no por individuos utilitaristas que buscan ven­tajas materiales, sino por individuos, familias, comunidades y colectivos de diverso tipo que se mueven dentro de instituciones decantadas por la práctica o acordadas como arreglos volunta­rios, que actúan haciendo transacciones entre la utilidad material y los valores de solidaridad y cooperación, limitando (no necesariamente anulando) la competencia.

Se trata de poner límites sociales al merca­do capitalista y, si es posible, construir mercados donde los precios y las relaciones resultan de una matriz social que pretende la integración de todos con un esfuerzo y unos resultados distri­buidos de manera más igualitaria."


Extracto tomado de: Coraggio, José Luis. “Economía Social y Solidaria. El trabajo antes que el capital”, Ecuador-Quito, Universidad Politécnica Salesiana y FLACSO Ecuador, 2011. 
 


Unión Europea (UE)

La noción de economía social en su acepción dominante actual comenzó a consolidarse en Francia durante los años setenta cuando los movimientos cooperativo, mutualista y asociativo de este país aunaron intereses y líneas de acción constituyendo el Comité Nacional de Enlace de las Actividades Mutualistas, Cooperativas y Asociativas (CNLAMCA) y aprobando la llamada Carta de la Economía Social. Esta carta concebía por primera vez la economía social como un sector marcado por una ética social al definirla como "el conjunto de entidades no pertenecientes Diccionario de la solidaridad, al sector público que, con funcionamiento y gestión democráticos e igualdad de derechos y deberes de los socios, practican un régimen especial de propiedad y distribución de las ganancias, empleando los excedentes de ejercicio para el crecimiento de la entidad y la mejora de los servicios a los socios y a la sociedad".

Más tarde y sobre la base de la anterior definición, un organismo belga, el Conseil Wallon de l'Economie Sociale, precisó más el concepto, de un modo que se haría clásico: la economía social haría referencia a aquella parte de la economía integrada por organizaciones privadas, principalmente cooperativas, mutualidades y asociaciones, cuya ética responde a los principios siguientes:

- finalidad de servicio a sus miembros o a la colectividad antes que de lucro, enfatizando el hecho de que la actividad económica desarrollada por estas entidades tiene vocación de servicio a personas y no de búsqueda del beneficio; este último puede aparecer pero será en todo caso un objetivo intermedio para el fin último de la entidad que es el de dar servicio,

-autonomía de gestión, diferenciándose con ello especialmente de las entidades pertenecientes a la esfera pública,

-procesos de decisión democráticos, heredero del Principio Cooperativo de “una voz = un voto”, principio considerado por algunos como central al democratizar el poder de decisión, frente a lo que acontece en el sector privado capitalista, donde impera el principio capitalista de una acción = un voto,

-primacía de las personas y del trabajo sobre el capital en el reparto de las rentas, el cual define una lógica de distribución de los beneficios no ligada e incluso contraria a la participación en el capital social, como revelan criterios tales como el principio cooperativo del retorno, la dotación de patrimonios colectivos, la remuneración limitada al capital, entre otros. 


Extracto tomado de: Chaves Rafael y Monzón, José Luís. “Economía Social” en ARIÑO, A. Diccionario de solidaridad, Cuadernos de solidaridad, Tiran lo Blanch, Valencia, págs. 187-197, 2003.