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LECCIONES SOBRE LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL SECTOR FINANCIERO POPULAR EN MÉXICO

LECCIONES SOBRE LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL SECTOR FINANCIERO POPULAR EN MÉXICO

Introducción


El sector financiero popular en México –también conocido como banca social– durante décadas ha sido considerado como un sector residual en el amplio espectro del sistema financiero mexicano. De acuerdo con el Banco de México (2012), actualmente la banca múltiple es el intermediario financiero más importante con 48.6% de activos totales, seguido por las administradoras de fondos de pensiones (SIEFORES) con 15%, y por las operadoras de fondos de inversión con 11.8%; en contraste existen 231 entidades de Ahorro y Crédito Popular que participan en los activos del sistema financiero con 1%, donde confluyen Sociedades de Ahorro y Préstamo, Sociedades Financieras Populares, Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo y Uniones de Crédito. 

En contraste, el Banco Nacional de Servicios Financieros (BANSEFI) señala que sólo en el sector cooperativo existen 1,036 entidades, de entre ellas muy pocas son reguladas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). La relevancia del Sector de Ahorro y Crédito Popular radica en que las entidades que lo integran prestan servicios financieros a sectores de la población que no serían sujetos de crédito en la banca múltiple. Los servicios de este sector llegan a regiones geográficamente dispersas y con pocas posibilidades de desarrollo, siendo este un aspecto fundamental en las estrategias del gobierno para lograr la inclusión financiera de dicho segmento poblacional.

Debido a la heterogeneidad del sector, la escasa atención que se ha puesto en el ámbito legislativo, y la proliferación descontrolada de organizaciones que realizaban operaciones exclusivas de la banca; en 2001 se dan a conocer legislaciones tendentes a ordenar al sector a través de la supervisión y vigilancia por parte del Estado. En ese momento, el discurso oficial dictaba que con dichas acciones se buscaba lograr una institucionalizarlo plena de dicho sector. Por lo anterior, en el presente artículo se aborda el proceso de institucionalización que se puso en marcha a partir de la vigencia de la legislación y las estrategias para su operatividad. Por lo que se planteó la siguiente pregunta de investigación ¿Cuáles han sido las lecciones que ha dejado la institucionalización del Sector de Ahorro y Crédito Popular en México?

Para dar respuesta al cuestionamiento señalado se retomó la teoría neoinstitucionalista con un enfoque en las diferentes etapas que conducen a la completa institucionalización, efectuando un estudio documental de los diferentes momentos por las que han transitado las organizaciones del sector y los organismos gubernamentales, en la ejecución de los diferentes proyectos que formaron parte del programa de fortalecimiento para el sector, destacando los programas que continúan vigentes a casi 12 años de promulgada la legislación. 


 


Nuevo institucionalismo, un enfoque teórico


El nuevo institucionalismo es una teoría que tiene una gran capacidad para explicar y acercar a las organizaciones con la realidad, se ubica y apoya en diversos paradigmas pues tiende a ser tanto fenomenológico como estructuralista ( Jepperson, 2001). Esta teoría muestra su escepticismo respecto a los modelos de organización basados en el acto racional, considerando a la institucionalización como un acto dependiente del Estado que hace a las organizaciones menos racionales instrumentalmente al limitar sus opciones a seguir (DiMaggio y Powell, 2001).

Para North (Romero, 2001, p. 8) las instituciones “son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, los constreñimientos u obligaciones creados por los (seres) humanos que le dan forma a la  interacción humana; en consecuencia, éstas estructuran los alicientes en el intercambio humano, ya sea político, social o económico”. Para Powell (2001, p. 251) la institucionalización es “un proceso limitador que obliga a las unidades de una población a parecerse a otras que se enfrentan a las mismas limitaciones”.  Entonces, la institución representa un orden o patrón social que ha alcanzado cierto estado o propiedad; la institucionalización indica el proceso para alcanzarlo. Para Jepperson (2001) es arbitrario identificar la  institucionalización con la organización formal, no obstante, es una propiedad de orden, por tanto, lo no institucionalizado tendrá que ser la ausencia de orden o también la ausencia de procesos de repetición  constante. Un patrón social se reproduce por medio de la acción de las personas que, en forma reiterativa, (re) movilizan y (re) intervienen en el proceso histórico para asegurar su persistencia.

Tolbert y Zucker (1996, p. 180) retoman a Luckmann refiriéndose a la institucionalización como “un proceso central en la creación y perpetuación de grupos sociales”. Se propone que las organizaciones se institucionalizan a través de cuatro fases: la innovación, la habitualización, la objetivación y la sedimentación:

a) La innovación se refiere a la introducción de nuevos elementos a la organización, como puede ser la legislación, los cambios tecnológicos, las fuerzas de mercado u otros elementos que permiten la generación de cambios;

b) La habitualización se refiere al comportamiento que desarrollan y adoptan empíricamente los actores o el conjunto de actores conforme resuelven problemas recurrentes. En un contexto organizacional, el proceso de habitualización involucra la creación de nuevos arreglos estructurales como respuesta a problemas organizacionales particulares. La formalización de estos se da a partir de las políticas o procedimientos, este proceso puede ser catalogado como la preinstitucionalización que supone la creación de nuevos arreglos estructurales; 

c) La objetivación que acompaña la difusión de la estructura, concierne a los valores de la misma, involucrando el desarrollo de algún grado de consenso social entre los que toman decisiones en la organización para adoptarla, y

d) La sedimentación que involucra una completa institucionalización. Se apoya en la continuidad histórica de la estructura y, principalmente, en la supervivencia a través de generaciones de los miembros de esa organización. Se caracteriza por la adopción de nuevas estructuras que asegurarán su permanencia por largos periodos a través de la teorización y apropiación por parte de los actores.  

Se considera que la institucionalización puede quedar incompleta cuando la presión externa sea parcial, inconsistente o de poca duración. En estos casos las organizaciones la adoptarán siempre y cuando convenga a sus intereses. Como resultado, las prácticas quedarán institucionalizadas débilmente, por lo tanto, se podrán introducir políticas pero no reproducirse; o bien, se podrán mantener firmes durante un corto periodo para decaer rápidamente cuando su fuente de apoyo pierda fuerza (Powell, 2001).

Scott y Meyer (2001, p. 170), así como Scott (2001, p. 219), hacen distinción entre ambientes técnicos e institucionales; también identificados por Scott como sectores. El primero de estos ambientes es aquel “en que se produce e intercambia un producto o servicio en un mercado donde a las organizaciones se les recompensa por un control efectivo de sus sistemas de producción”. Los segundos “se caracterizan por reglas y requisitos a los que se deben ajustar las organizaciones individuales si desean recibir apoyo y legitimidad”. Sostienen que ambos ambientes pueden coexistir y las organizaciones se adaptarán a ambientes “más fuertes” o “más débiles”. Pero la tendencia es a que prosperen aquellos donde existe un desarrollo creciente, como las organizaciones bancarias que actúan en un “fuerte” ambiente institucional y técnico.


 

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