La importancia de las mujeres en el sector social de la economía

La participación de las mujeres en diversos sectores económicos ha cobrado mayor relevancia para la vida económica del país durante las últimas décadas. Sin embargo, aunque cada vez hay mayor participación de las mujeres en la economía nacional, la tasa de participación laboral femenina en México (48%) es la más baja de la OCDE después de Turquía (OCDE, Cerrando las brechas de género: Es hora de actuar, 2012).

Las mujeres se siguen enfrentando a diversos obstáculos que han impedido su pleno empoderamiento económico. La desigualdad de la distribución del trabajo doméstico y en los salarios son las consecuencias de un problema más profundo de desigualdad de género.

El sector social de la economía promueve la inclusión económica de las mujeres, ya que los principios y valores de la Economía Social están presentes en la forma de vida de muchas de ellas (solidaridad, responsabilidad compartida, pluralidad, igualdad, etc.), lo que facilita que puedan emprender proyectos productivos que ayuden a la economía de sus familias y de su región.

Este es un espacio para el intercambio de ideas, experiencias e información acerca del papel de las mujeres en la economía social.

Retos a los que se enfrentan las mujeres para su inclusión productiva


Estereotipos culturales


Aún se considera en muchas sociedades y comunidades que las mujeres y hombres deben cumplir con roles específicos de acuerdo con su género. Estas ideas se obtienen a partir de las normas o patrones culturales establecidos.


Falta de conocimientos técnicos y administrativos


Debido a que en muchas sociedades las mujeres se han dedicado en menor medida a labores fuera del hogar, existe una brecha mayor en los conocimientos técnicos y administrativos necesarios para el desarrollo de una actividad productiva.


Falta de recursos para el desarrollo de actividades productivas


Los recursos económicos son administrados por hombres, quienes tienen mayor poder de decisión en lo que se hará con ellos y cómo se hará.


Falta de acceso a la tierra y a programas de apoyo a la producción.


La desigualdad entre hombres y mujeres en la propiedad de la tierra se vincula principalmente con el hecho que los hombres tienen más posibilidades que las mujeres para obtener tierras a través de la distribución por comunidades campesinas o el Estado y en el mercado.

Mujeres en la economía solidaria

En este trabajo, Miriam Nobre sostiene que el tema de la mujer en la economía solidaria comenzó a tratarse a  partir de la toma de conciencia de la invisibilidad, de la marginalización y del no reconocimiento de su protagonismo. Muchos grupos, en algún momento de su existencia, se esforzaron por generar ingresos, aunque fuera apenas para garantizar el funcionamiento del propio grupo.
La visibilidad de las experiencias de mujeres crea referencias positivas, las fortalece como sujetos y contribuye a problematizar las iniciativas desde el punto de vista del género.

El reconocimiento a la contribución de las mujeres en la producción de riquezas y en la promoción del bienestar de las sociedades  implica salir de una lógica de maximización del lucro y acumulación de capital. Sin embargo, considerar el valor de las actividades no monetarias asumidas por las mujeres no resuelve nada si, al mismo tiempo, no tienen acceso al trabajo remunerado, que es el medio privilegiado para tener un mínimo de autonomía.

Las experiencias alternativas que permiten a las mujeres generar ingresos surgen como una posibilidad de acceso a la propiedad de los medios de producción mediante la propiedad colectiva y por ende, a la remuneración; así como la oportunidad de experimentar otra relación de trabajo basada en el compañerismo y en la gestión democrática.

A partir de lo anterior, la autora propone tres puntos para una agenda de debates entre la economía feminista y la solidaria:

1. División sexual y ampliación de la noción de trabajo:

La propuesta de la economía social es sustituir la separación entre el propietario de los medios de producción y la persona que vende su fuerza de trabajo, por la propiedad colectiva; así como
la división entre el trabajo intelectual y el manual, por la gestión democrática y prácticas innovadoras de organización del trabajo. Un ejemplo de cómo se reproduce la división sexual del trabajo es el caso de la organización de éste en las fábricas, las cuales designan a las mujeres funciones asociadas a las habilidades que adquirieron en su proceso de socialización de género:
tareas minuciosas, que exigen paciencia o tareas cronometradas en la línea de producción. Además, por la realización de estas tareas, las mujeres quienes reciben salarios menores que los de los hombres, muchas veces a pesar de tener mayor formación. De esta manera, se puede observar que la división sexual del trabajo se expresa en un principio jerárquico de que el trabajo masculino tiene siempre mayor valor que el trabajo femenino.

2. Producción y reproducción:

Muchas mujeres que participan de formas alternativas de generar ingresos relatan que una de las virtudes de estas experiencias es el hecho de tener más flexibilidad para atender los asuntos familiares. Estos testimonios demuestran que los grupos desarrollaron otras estrategias para lograr el éxito, que no se basan exclusivamente en los ingresos y en la productividad del trabajo, y que además ejercitaron valores de solidaridad y reciprocidad.

3.  Desnaturalización de la economía capitalista y patriarcal:

Una de las contribuciones de la economía solidaria es la posibilidad de dejar de asociar la técnica y la organización del trabajo capitalista como sinónimo de eficiencia. ¿Por qué no desmitificar
la “eficiencia” de la división sexual del trabajo en el mantenimiento de la economía capitalista,  la organización del trabajo, del consumo y del poder en el interior de las familias?

En conclusión, este trabajo plantea la necesidad de establecer nuevas formas de distribución de la riqueza y afirmar las bases de una economía y sociedad solidarias. Las mujeres deben ser consideradas como sujetos de estos procesos. La economía solidaria es un terreno privilegiado para que ejercitemos nuevas prácticas y proporcionemos vivencias de igualdad y de autonomía para las mujeres.

Nobre, Miriam.  Mujeres,género y feminismo, 2003.