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Cultura Solidaria

Este espacio está dedicado al conjunto de ideas, pensamientos y experiencias en torno a la gestión y desarrollo de redes, asociaciones y grupos de interés.

Las cooperativas pesqueras y su importancia en el futuro del sector social de la pesca

 

Lo único que genera riqueza es el trabajo. Podemos tener los campos más fértiles y las lluvias más abundantes, pero esto por si solo no genera riqueza. La riqueza se crea cuando alguien labra esas tierras y las cultiva. Podemos tener bajo la tierra las más ricas vetas de minerales valiosos, pero para que estos constituyan riqueza, se requiere que alguien cave profundas galerías, extraiga el mineral y lo beneficie. De igual manera, podemos tener los mares mas ricos y productivos y esto no significarán riqueza si no se hacen a la mar los pescadores y en pesadas faenas capturan y extraen los peces. Pero la riqueza así generada no siempre se queda en las manos de quienes la crearon con su esfuerzo. No suele ser rico el labriego, ni el minero, ni el pescador. En un mundo regido por la codicia de unos pocos es a éstos a quienes acaba beneficiando el esfuerzo del trabajador.
Desde siempre el hombre ha intentado fórmulas para resolver esta contradicción. En muy pocos momentos se ha aproximado a una relación más justa entre el capital y el trabajo, donde el trabajador participe plenamente de la riqueza creada por su esfuerzo. Una de las fórmulas más efectivas para acercarnos a este ideal lo constituye la organización de los trabajadores en sociedades cooperativas.
Las cooperativas nacen como una respuesta a la necesidad de organización de los grupos comunitarios cuya riqueza radica, como ya se ha dicho, en su capacidad de trabajo. En forma simple podemos decir que las cooperativas se diferencian de las empresas privadas en que éstas últimas se forman por capitales (dinero) y las cooperativas por gente (trabajo). Por esta razón las empresas privadas son generalmente Sociedades Anónimas. Esto es: se conoce su capital y el giro de su actividad pero sus socios se mantienen en el anonimato porque lo que cuenta es el recurso financiero que aportan para la formación de la empresa, mientras que en las cooperativas su elemento constitutivo es principalmente el hombre y su mano de obra.
Al contrario de las empresas privadas, que tienen por objeto el enriquecimiento de sus asociados, las cooperativas pretenden que la riqueza generada por sus agremiados se distribuya entre éstos con la sola diferencia del tiempo y el trabajo que cada uno haya invertido y que los beneficios alcancen a sus comunidades. Es por lo tanto un eficiente medio para la distribución de la riqueza en lugar de una forma de apropiación y acumulación de la riqueza generada por el trabajo de otros. 

ALGO DE LA HISTORIA DEL COOPERATIVISMO…
 
A finales del siglo XVIII, las consecuencias de la revolución industrial traen consigo, entre otras cosas, la desocupación de la mano de obra y la carestía en Europa. En ese contexto, los socialistas Robert Owen y Charles Fourier, entre otros, pusieron en práctica sus ideas vinculando el movimiento cooperativo con las ideas socialistas. A principios del siglo XIX, en Inglaterra, Owen, socialista utópico y fundador de la cooperativa “New Lanark” en Escocia, usa por primera vez el término “cooperación”  para distinguir la relación mutua del sistema individualista de la libre competencia.

Bajo la influencia de esas ideas y en el contexto de una huelga, un grupo de trabajadores fundó en la Inglaterra de 1844 la primera cooperativa que alcanzó éxito verdadero: la “Rochdale Equitable Pionners”. Su objeto principal fue suministrar alimentos a los familiares de sus miembros en paro laboral, dados los abusos de los proveedores e impidiendo que el desabasto impuesto por los vendedores doblara a los huelguistas por el acaparamiento especulativo. Con la cooperativa mejoraron sus condiciones de lucha durante el movimiento de huelga. A este movimiento le siguieron una serie de cooperativas de consumo impulsadas por los mismos propósitos: administración democrática, libre entrada de nuevos socios e independencia política y religiosa. Así, puede afirmarse que el  cooperativismo comenzó propiamente en los sectores del consumo urbano. 

El movimiento cooperativo después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo un papel fundamental en la reconstrucción de los estados europeos y en la protección de los derechos sociales de la población, lo que arrojó como resultado una economía interna fuerte y una sociedad  con niveles de bienestar relativamente buenos. 

En Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), el desarrollo del  cooperativismo se ha consolidado en múltiples vertientes. En estos países, el sector social de la economía tiene presencia en diversas manifestaciones: en centros académicos, programas sociales y convenios de desarrollo para poblaciones marginadas.  Por ejemplo, la Asociación Nacional de Cooperativas de Negocios (NCBA por sus siglas en inglés), integra organizaciones cooperativas en ramas tan diversas como la agricultura, la atención a niños, la educación, organizaciones profesionales, bancos cooperativos, desarrollo de negocios, energía e incluso sociedades funerarias, entre otras.

En América Latina, las sociedades cooperativas desarrollan programas sociales que, en algunos casos como en Argentina, se fusionan con los gobiernos locales para generar estrategias conjuntas con un alto impacto social, al igual que en otros países centro y sudamericanos. 

EL COOPERATIVISMO EN MEXICO.


En el caso de México, el primer vestigio de cooperativismo primitivo en nuestro país, se ubica en los pueblos hospitales, fundados por el obispo Vasco de Quiroga, en Michoacán en el siglo XVI. El siguiente registro se localiza en 1839 cuando se funda una caja de ahorros en Orizaba, Veracruz.  Más adelante, en 1876, los obreros ferroviarios de la Estación Buenavista del Distrito Federal, constituyeron la primera Sociedad Cooperativa de Consumo.

 Nacen así las primeras cooperativas en México, que obtienen reconocimiento legal en 1889 cuando en el Código de Comercio se les reconoce como “unidades económicas, con características de organización y funcionamiento diferentes a las de la empresa privada”.

Al iniciarse el siglo XX, las organizaciones cooperativas en México eran escasas, poco significativas y no lograron grandes avances; los largos años de dictadura política de Porfirio Díaz habían adormecido y frenado los ideales cooperativos.

Un antecedente revolucionario del cooperativismo es el “Centro Mutuo Cooperativo de México”, cuyos miembros eran decididos partidarios de Don Francisco I. Madero.  Por esta razón, al triunfar la Revolución Mexicana, el movimiento cooperativo obtuvo su anhelada oportunidad de avance y expansión. Durante la época post revolucionaria, de 1911 a 1926, el cooperativismo empezó a crecer a pesar de no tener un marco jurídico propio.

La importancia del movimiento cooperativista en la historia de México se hace patente con la fundación del Partido Nacional Cooperativista en 1917 y que tuvo una gran influencia en su momento y sobre todo al apoyar a Obregón contra Carranza con lo que obtuvieron 60 asientos en la Cámara de diputados y la gubernatura en 5 estados. A este rápido crecimiento le siguió una igualmente rápida caída al dividirse por el apoyo de algunos de sus miembros a De La Huerta en 1923, año en que realizó una intensa campaña de promoción entre los cooperativistas a fin de apoyar a Adolfo de la Huerta en contra de Obregón.  Adolfo de la Huerta rompió con el régimen y se postuló como candidato presidencial -con el apoyo del Partido Cooperativista- en contra de Plutarco Elías Calles, apoyado por el propio Obregón. Con la derrota de Adolfo de la Huerta se desintegra el Partido Cooperativista Nacional, y las demás organizaciones creadas por él mismo. (1).

Durante su período presidencial, Plutarco Elías Calles promulgó la Primera Ley Cooperativa en 1927 para crear, así,  el marco jurídico para esta figura organizativa.  Seis años después, en 1933, Abelardo L. Rodríguez publicó la Segunda Ley Cooperativa,.

Con este respaldo legal, el primer Congreso de cooperativistas con 500 delegados de todo el país, se llevó a cabo en los locales del Gremio Unido de Alijadores de Tampico. El Presidente Emilio Portes Gil inauguró los trabajos de este Congreso  de Sociedades Cooperativas de la República Mexicana el 1º de octubre de 1929.

El Segundo Congreso fue en el año de 1935 y tuvo lugar en la Ciudad de México, con más de 800 delegados y de este surgió la Liga Nacional de Sociedades Cooperativas, cuya principal función fue la defensa de los intereses generales del movimiento. El cooperativismo. Se asentó así en diversas ramas de la producción: industrial, agrícola, pesquera y de servicios. 

De acuerdo con datos de la Dirección General de Fomento cooperativo de la Secretaria del  Trabajo y Previsión Social, de 1938 a 1976, se tenía un registro de 6 mil 610 cooperativas a nivel nacional, de las cuales 4 mil 298 eran de producción, con 227 mil 675 socios y 2 mil 312 cooperativas de consumo con 290 mil 921 socios. En 1988, el registro de cooperativas era de 8 mil 17, con un total de 349 mil 47 socios. 

El Presidente Lázaro Cárdenas, considerado el gran promotor del cooperativismo mexicano, promulgó en 1938 una revolucionaria Ley General de Sociedades Cooperativas, que sentó las bases para el desarrollo social y económico del nuevo cooperativismo mexicano. 

Este es el periodo que más destaca en el desarrollo de empresas cooperativas y mantuvo su impulso con altibajos hasta el de la administración de Luis Echeverría. Posteriormente durante la gestión de Miguel de la Madrid, el  Plan Nacional de Desarrollo 1982-1988 promulgó el  desmantelamiento del sector social al desaparecer la Dirección General de Fomento Cooperativo de la Secretaría del Trabajo y liquidar al Banco Nacional de Fomento Cooperativo. 

Actualmente, el movimiento cooperativo no ha logrado recuperar la influencia que debe tener en el diseño de las políticas públicas del Estado, sin embargo, desempeña un papel importante en la autogeneración de empleos y recursos para el desarrollo regional. 

El movimiento cooperativo se encuentra en una fase de transición que en muchas ocasiones deriva en el enfrentamiento de posturas. Debido, entre otras razones, a las reformas a la Ley General de Sociedades Cooperativas. Para el Gobierno Federal, el movimiento cooperativo no tiene la suficiente importancia para demandar una política de Estado. Además, el fomento y apoyo a las organizaciones que trabajan en el sector social de la economía, dependen de dos programas federales que se ejecutan con recursos que resultan escasos para la atención de un vasto sector de la población. Es el caso del Programa de Opciones Productivas de la Secretaría de Desarrollo Social y el Programa de Fomento a la Economía Social que ejerce el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) dependiente de la Secretaría de Economía (SE).

EL COOPERATIVISMO PESQUERO EN EL NOROESTE DE MEXICO.

En La Región noroeste de México las primeras sociedades cooperativas de producción pesquera se crean a partir de la constitución de 1917, la cual estableció que la explotación de las especies pesqueras se reservaba para “las clases proletarias de las costas del Océano Pacífico”. En el año 1929 la actividad pesquera fue concesionada a los pescadores organizados en cooperativas. En el Pacífico estas concesiones pueden encontrarse desde Guerrero hasta Sonora incluyendo la Península de Baja California  y, en el Golfo de México, el Puerto de Veracruz también se vio beneficiado por esta política. Para 1936 ya existían 36 cooperativas de producción pesquera en el país, su formación y el otorgamiento de la concesión exclusiva de algunas especies comerciales (como la langosta y el abulón) para los pescadores del Pacífico, marcó la salida definitiva de buzos y pescadores extranjeros de las aguas peninsulares, reservando su explotación para el sector social de la pesca. La cooperativa más antigua del Estado de Baja California Sur, es la de “California de San Ignacio” que tuvo en su momento la concesión de todos los productos pesqueros desde Punta Abreojos hasta Ensenada. De esta cooperativa derivan la mayoría de las organizaciones de pescadores hoy vigentes en la Región Pacífico Norte de la entidad.

La tradición cooperativista sudcaliforniana se inició cuando Lázaro Cárdenas promulgó en 1938 la Ley de Sociedades Cooperativas, la cual incluyó gran parte de los productores pesqueros de Baja California Sur. Esta ley se mantuvo vigente hasta 1994 en que se promulgó la actual Ley General de Sociedades Cooperativas. 

Durante el régimen Cardenista y debido a que la Península de Baja California tenía una fuerte presión por su importancia estratégica en tiempos de la 2ª. Guerra mundial, se fomentó la creación de nuevos núcleos de población en la zona. Para lograr este objetivo, se promocionó la formación de nuevas sociedades cooperativas que son la base de las existentes hasta ahora. Cumplieron estas organizaciones con su tarea de poblar las costas para afirmar la soberanía nacional.

Las cooperativas de la Región pacífico Norte de Baja California Sur han sido tan eficientes que en muchos casos han sustituido al gobierno. A ellas se deben los primeros caminos que se construyeron en la zona y la edificación de las empresas empacadoras que hasta la fecha generan la mayor parte de los empleos regionales. De igual manera, las sociedades cooperativas pesqueras llevaron los primeros maestros y los primeros médicos para la atención de sus socios y de la población en general, abastecieron durante décadas de agua potable y electrificación a un territorio al que apenas hace pocos años llegó la Comisión Federal de Electricidad. 

Lo aquí dicho tiene como propósito el promover una visión renovada de las cooperativas. Esta forma de organización no es un invento reciente ni un recurso de la autoridad para otorgar permisos, concesiones o subsidios. Es una forma de incorporar a las estructuras productivas a quienes no poseen capital. Es también una forma de enfrentar a los grandes poderes económicos que someten a los mercados y a la economía. Las sociedades cooperativas han servido a los grupos comunitarios a través de muchos siglos en los que han sobrevivido a monarcas, tiranos, dos guerras mundiales, revoluciones e innumerables y recurrentes crisis de la economía nacional y mundial. La organización cooperativa ha visto fracasar formas y estructuras más sofisticadas de participación en la economía mientras su antigua propuesta se mantiene vigente.

En los tiempos actuales las organizaciones comunitarias y sociales enfrentan graves retos. Las comunidades indígenas originales, los ejidos, los sindicatos y, en fin, las cooperativas están en riesgo de desaparecer para dejar sus recursos y su patrimonio en manos de unas cuantas empresas privadas que se han visto favorecidas en los últimos 30 años. El futuro de quienes hoy integran estas estructuras centenarias del común, es convertirse en empleados de los nuevos señores, en caso de que se pierdan estas formas  nobles y generosas de organización.

Para hacer prevalecer a las cooperativas, es necesario revisar las estructuras internas. Muchos de los problemas y fallas en el movimiento cooperativo tienen su origen en liderazgos viciados y viciosos así como en la dependencia de un mercado especulativo  que deja su renta en los eslabones de la cadena mercantil más alejados del mar y de la población trabajadora. Las grandes ganancias y fortunas creadas con los productos del mar son de los caciques e intermediarios. No de los productores y menos del consumidor final. 

El futuro de las cooperativas está en la recuperación de la vida en asamblea, donde radica su autoridad máxima, En la distribución horizontal de los ingresos, evitando su concentración. Está también en refrendar los valores que les dieron origen: solidaridad, mutualismo, reciprocidad, generosidad, unidad… solo así nuestra generación y las venideras podrán disponer de éstas herramientas privilegiadas para enfrentar retos y dificultades que solo podrán resolverse en forma grupal. Los que decidan enfrentar estos retos de manera individual tendrán, sin duda, una tarea mucho más ardua y un porvenir azaroso.

(1) ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL COOPERATIVISMO EN MÉXICO
Carolina Ortíz Porras.
En: El cooperativismo en México
En conmemoración a la celebración del
Año Internacional de las Cooperativas 2012



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