rss

Observando la Economía Social

Está orientado a la identificación y visibilización del Sector Social de la Economía (SSE). Ello implica precisar quienes integran al sector, cuáles son sus organismos y sus prácticas.

La economía social y la autosuficiencia en el abasto nacional de maíz en México

Pocos asuntos concitan tanta convergencia de opiniones como la que se refiere a la importancia cultural, social, económica y política del maíz en nuestro país.

El solo hecho de que México sea el centro de origen del maíz, es decir, el lugar donde se inició su cultivo y domesticación, y que hoy en día constituya, según la FAO, el segundo cultivo más importante del mundo por su volumen de producción, da cuenta de su importancia a escala planetaria y explica la profundidad de sus raíces en la cultura mexicana.

Sin embrago, apenas en medio siglo México ha pasado de ser prácticamente autosuficiente en materia de abasto de maíz a tener un índice de dependencia de importaciones superior a 20%, incluso durante los años 2011 y 2012 este índice superó el 30%.

En efecto, a partir de los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el volumen de producción de maíz en México y sobre el volumen de las importaciones y exportaciones de este cereal entre 1961 y 2013, puede construirse un índice de dependencia de importaciones que revela el grado en que ha venido aumentando la dependencia del abasto de maíz para satisfacer la demanda nacional en México.1

Entre 1961 y 1971 tuvimos un índice de dependencia de las importaciones cuyo promedio fue inferior a 2%, con dos picos que no llegaron a 8% en los años 1963 y 1970. 

Posteriormente, entre 1972 y 1993 tuvimos una etapa de fuertes fluctuaciones anuales en el grado de dependencia, pero el promedio del índice en dicho periodo se multiplicó por 7 veces alcanzando la cifra de 14.6%.

Finalmente, entre 1994, año en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y 2013, el índice de dependencia de importaciones registró un crecimiento más sostenido y alcanzó un promedio de 23.7%, esto es, más de once veces el promedio registrado entre 1961 y 1971.



De continuar esta tendencia, dada la relevante importancia del maíz en la dieta y cultura de la sociedad mexicana, en pocos años México se convertirá en un país altamente vulnerable en materia agroalimentaria, con todos los riesgos que ello implica para la estabilidad política y el desarrollo integral de nuestra población.2

Para enfrentar este reto se han puesto y se podrían poner en marcha distintas iniciativas gubernamentales, incluida una posible revisión del tema en la próxima renegociación del TLCAN; sin embargo, quisiera llamar la atención en el sentido de que los pequeños productores agrícolas, que representan la inmensa mayoría de las unidades productivas del campo mexicano, constituyen la mejor reserva social estratégica para alcanzar la autosuficiencia en la producción nacional de maíz.

No lo son por tener elevados niveles de productividad o por que sean poseedores de parcelas de gran extensión donde puedan producir grandes volúmenes de maíz. Son la reserva social estratégica porque este tipo de productores son los que han preservado a lo largo de centurias la gran diversidad de maíz en México.

En efecto, desde la época precolombina los agricultores han venido seleccionando el mejor maíz para sus ambientes y usos específicos, dando como resultado la existencia de muy diversas variedades.3



Si México logra construir una fuerza productiva integrada por los pequeños productores agrícolas para reducir la dependencia en las importaciones de maíz, se contribuiría a dos objetivos nacionales fundamentales: disminuir la vulnerabilidad del país en materia agroalimentaria y mejorar las condiciones de empleo e ingreso en un sector de la población que ha enfrentado y enfrenta condiciones de pobreza y marginación inaceptables.

Construir esa fuerza productiva, dadas las características de las unidades productivas que poseen los pequeños productores agrícolas, solo será viable si logramos diseñar y poner en marcha modelos o esquemas de economía social que les faciliten el acceso directo a los mercados, el acceso a crédito y aseguramiento adecuado, así como el acceso a semillas mejoradas, fertilizantes y asistencia técnica.

El reto es de gran magnitud, pero la importancia estratégica del maíz para México lo convierte en un reto ineludible.

La Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2014, levantada y publicada por el INEGI recientemente, da algunos elementos para identificar la magnitud de este reto.

Por el lado de la producción, se observa que el 66.3% de las unidades de producción bajo riego cuentan con parcelas de entre 0.2 y 5 hectáreas, circunstancia que por sí sola enfrenta a los productores a niveles de producción limitados para efectos comerciales. Esta circunstancia es mucho más adversa en el caso de las unidades de producción de temporal que representan cuatro quintas partes de la superficie agrícola nacional, donde el 70.5% corresponde a parcelas de autoconsumo (hasta 5 hectáreas) y el 23.4% a parcelas en transición (de 5 y hasta 20 hectáreas). Sin organización colectiva de pequeños productores, cualquier intento por incrementar rendimientos, reducir costos, o mejorar el mecanismo de comercialización para conseguir mejores precios, será infructuoso.

Siguiendo con la producción, los productores de maíz tiene muy limitado acceso a crédito. Según la ENA, solo el 9.7% de tramitaron o recibieron alguna oferta de crédito y solo el 8.1% recibió efectivamente el crédito. Sin acceso adecuado al crédito, los productores enfrentan serias limitaciones para la compra de materiales y materias primas, así como para el pago de jornales, conceptos que constituyen el destino significativamente más frecuente del crédito. Es importante señalar que entre las causas que los productores manifiestan como razón para no acceder al crédito, destaca que el 64.3% señala que los intereses son elevados.

Otros factores que afectan la producción y que fueron manifestados por los productores en la ENA 2014, son los siguientes:

• Altos costos de insumos y servicios: 83.4%
• Perdidas por causas climáticas, de plagas, enfermedades, etc.: 78.2%
• Falta de capacitación y asistencia técnica: 45.5%
• Dificultades de transporte y almacenamiento: 25.7%

Por el lado de la comercialización destaca, en el caso de los productores de maíz, que el 62% de su producción la venden a intermediarios y el 14.3% la venden a empacadoras o procesadoras. Mientras los pequeños productores no encuentren formas de asociación que les permitan esquemas de comercialización más redituables, seguirán dependiendo de los precios fijados en un mercado oligopólico que concentra los beneficios en los comercializadores.

Seguramente existen experiencias exitosas de modelos de economía social en la producción de granos básicos, en México y otros países. Ojalá este observatorio sea un espacio propicio para compartir y difundir estas experiencias, contribuyendo desde aquí a la construcción de esa nueva fuerza productiva.



1 Índice de Dependencia de Importaciones = Volumen Importado / (Volumen Producido + Volumen Importado – Volumen Exportado)
2 Vulnerabilidad agroalimentaria.- Situación que caracteriza a países, sectores sociales, grupos e individuos que están expuestos o son susceptibles de padecer hambre, desnutrición o enfermedad por no tener acceso física, económica y sustentablemente a una alimentación suficiente, nutritiva y culturalmente aceptable, tomado de: Humberto González Chávez y Alejandro Macías Macías, Vulnerabilidad alimentaria y política agroalimentaria en México, Desacatos No.25, México, Sep./Dic. 2007.
3 “En América Latina se han descrito cerca de 220 razas de maíz (Goodman y McK. Bird. 1977), de las cuales 64 (29%) se han identificado, y descrito en su mayoría, para México (Anderson 1946, Wellhausen et. al. 1951, Hernández y Alanís 1970, Ortega 1986, Sánchez 1989, Sánchez et al. 2000).”, véase http://www.biodiversidad.gob.mx/usos/maices/razas2012.html










b i s Citar

Guardar comentario

Mostrando 0 Comentario