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Participación e igualdad.

En este blog se discute sobre la influencia de la igualdad formal y la material en los niveles de participación. Los medios, las capacidades, el contexto y los roles formales que desempeñan las personas en una sociedad o comunidad determinan en gran medida en los distintos niveles participación.

El reto del bono demográfico

La relevancia del papel que desempeñan los jóvenes en las sociedades modernas es de primer orden, tanto a nivel nacional como internacional, debido a que representan en gran medida al poderío social, económico, político y cultural de las naciones. Los jóvenes son el principal motor para el impulso y desarrollo de cambios en las dinámicas sociales y económicas. Por tanto, su efectiva inserción educativa, laboral, social, política y cultural favorece en gran medida a la construcción de comunidades más prósperas, inclusivas, democráticas y equitativas.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010, en nuestro país la mitad de la población tiene 26 años o menos, y el 26% de la población total se encuentra en el segmento de los 15 a los 29 años (29, 706,560 jóvenes: donde 15, 167,260 son mujeres, y 14, 539,300 son hombres), definiendo esto como el bono demográfico más importante en las historia de nuestro país.

Todos estos jóvenes son tan diversos y plurales como lo es nuestro país. Sus intereses, inquietudes, preocupaciones y conocimientos van desde lo social y cultural, hasta lo económico, pasando por lo medio ambiental y lo político. Es por ello que la configuración, establecimiento y desarrollo de políticas enfocadas a los jóvenes deben contemplar las demandas, necesidades y potencialidades de los mismos. Es la juventud quien hoy marca tendencias, promueve y protagoniza la agenda para el desarrollo del país, y exige atención oportuna a su presente y futuro inmediato.

Respecto a la educación, según la Encuesta Nacional de Juventud 2010, los jóvenes mexicanos dejan de estudiar a los 16.9 años de edad y sólo el 65.6% aspira a tener nivel de licenciatura o posgrado. Refiriéndonos al empleo, al hacer una comparación entre el porcentaje del desempleo juvenil y el promedio de desempleo nacional, tenemos una diferencia de 3 puntos porcentuales, puesto que el primero es de 8% y el segundo de 5%. En este contexto, 6 de cada 10 jóvenes se insertan en actividades laborales informales, y en un sentido menos alentador, se integran a dinámicas violentas y delictivas.

En tanto aquellos jóvenes que no se encuentran trabajando ni estudiando (NiNis), de acuerdo con cifras de la OCDE, en 2014 cerca del 22% de los jóvenes mexicanos no estudiaban ni trabajaban, lo que significa el quinto porcentaje más alto entre los países de la organización, solo después de Turquía (29.2%), España (25.8%), Italia (24.6%) y Chile (22.3%). Tales cifras reflejan que las opciones y oportunidades para encausar el poderío virtuoso de los jóvenes dentro de los empleos formales y la educación, resultan insuficientes o inadecuadas, cuestiones que dificultan la solución y atención a este sector de la población y la posible implementación de políticas que avizoren mejores escenarios al corto, mediano y largo plazos.

La situación nacional se suma al panorama económico internacional y a la vulnerabilidad multidimensional en la que viven los jóvenes del siglo XXI, configurando un entorno poco favorable para éstos; lo que deriva en una serie de problemas estructurales que inciden sobre la calidad de vida de toda la sociedad. Pobreza, violencia y falta de oportunidades laborales y educativas se convierten en el común denominador de la vida de los jóvenes en países en vías de desarrollo, pero también en países desarrollados donde los efectos de la crisis económica internacional no se han hecho esperar.

El “bono demográfico” por el que están pasando México y el mundo, se transforma en el “reto demográfico”. Ante este gran desafío los gobiernos están obligados a proporcionar contextos que favorezcan la plena inserción de los jóvenes en el mercado y en la sociedad; de lo contrario, en un par de décadas las naciones quedarán pobladas por millones de personas improductivas, envejecidas y empobrecidas, incapaces de superar su condición y dependientes de los cuidados del Estado.
  
El reto es enorme, sin embargo aún hay tiempo para brindar opciones productivas a todos los jóvenes a través de esquemas de colaboración y corresponsabilidad entre la academia, la sociedad civil, la iniciativa privada y el sector público. Si se logran articular estrategias de inclusión productiva que se adapten a las aspiraciones, a los talentos y a las necesidades propias de los jóvenes, y que además representen una verdadera opción de ingreso para ellos y sus familias, se estará aprovechando todo el potencial y las capacidades de este sector en beneficio de sus comunidades y de su país.

Con estos objetivos en mente, desde el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) y el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), hemos venido estableciendo formas de colaboración interinstitucional para la implementación de una intervención que ayude a potenciar la inclusión laboral desde lo productivo de jóvenes en nuestro país, a través de la identificación, capacitación, incubación y financiamiento de proyectos productivos de Economía Social y Solidaria.

La generación de proyectos productivos de Economía Social y Solidaria es una alternativa sostenible e inclusiva, con repercusiones para el desarrollo local y territorial, así como para la reactivación económica. Los proyectos brindan un espacio donde los jóvenes pueden ejercer no sólo autonomía económica, sino también dignidad, participación social y acceso a los servicios y prestaciones, hechos que generan a su vez arraigo hacia sus comunidades y revitalización de la economía local a través de las nuevas habilidades, capacidades y conocimientos adquiridos durante los procesos de incubación.

A través del fomento de proyectos productivos de economía social integrados por jóvenes se busca:
o Alinear las vocaciones productivas de las localidades con el capital humano, las condiciones medioambientales y los recursos naturales,
o Promover una unión entre la gestión, el conocimiento y la innovación,
o Incentivar el desarrollo de proyectos agropecuarios o que sean un complemento a las actividades agrícolas en las comunidades rurales en pro del arraigo de los jóvenes a sus comunidades de origen,
o Generar capacidades y redes de acción para movilizar actores y recursos a nivel local,
o Promover la inclusión productiva de los jóvenes con un impacto social en sus comunidades,
o Generar de capital social,
o Impulsar la apropiación de la lógica de distribución de beneficios y excedentes, y
o Crear y promover la cultura emprendedora y asociativa.

Para enfrentar un reto tan grande queda claro que los esfuerzos deben ser igual de grandes. Ante ello es importante subrayar que las estrategias de colaboración interinstitucional e intersectorial se vuelven fundamentales, ya que un problema multifactorial sólo es resuelto a través de soluciones y asociaciones multidisciplinarias.En ese sentido, la alianza entre el INAES y el IMJUVE representa el primero de muchos pasos hacia la construcción de una estrategia de atención integral a las necesidades de los jóvenes mexicanos.



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Mostrando 6 Comentarios

  1. Avatar
    Publicado por Marcela Cruz el año pasad
    Colegas interesados en el tema, recomiendo una entrevista realizada recientemente a Guillermo Dema especialista en empleo juvenil de la OIT para América Latina.
    "El empleo formal: un camino clave para garantizar la participación de los jóvenes", http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_390417/lang--es/index.htm
    Saludos.
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    Publicado por Marcela Cruz el año pasad
    Alonso, muchas gracias por compartir tan interesantes datos y reflexiones.
    En torno al fenómeno demográfico que vivimos actualmente considero, al igual que tú, que en un contexto de decrecimiento económico las políticas públicas deben promover una inclusión productiva efectiva que evite que "el reto demográfico" se convierta en "la pesadilla demográfica" que nos mencionas.
    De ahí que las diferentes expresiones de economía social y solidaria se conviertan en una estrategia vital para la inserción económica de los jóvenes durante la segunda mitad del bono demográfico.
    Gracias por la lectura y la retroalimentación.
    Saludos!
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    Publicado por Alonso Durana el año pasad
    Virgilio Partida plantea que “la ventana de oportunidad, también llamada bono o dividendo demográfico, permanecerá transitoriamente abierta en México, por primera y única vez, de 2006 a 2028.” La razón de dependencia demográfica -la suma del número de niños y adolescentes (0–14) y de adultos mayores (60 años y más), asimilados a la población dependiente, dividida por las personas en edades de trabajar (15 a 59 años), equiparadas a la población perceptora de ingresos- es un indicador elemental que permite capturar los cambios etarios conforme la transición demográfica avanza.

    Las disminución de la población en la base de la pirámide de edades y el incremento de la población en edades activas y posteriormente hacia la cima plantea un escenario muy favorable para los temas relacionados con la generación de empleos, economías e inversiones, al tener actualmente a la mayoría de la población en edades productivas y en menor medida dependientes.

    En 1960-1975 se propició el crecimiento demográfico más alto y, en consecuencia, un rejuvenecimiento de la estructura de edad. En las décadas siguientes (2006-2028) se espera que disminuya la cantidad de consumidores o dependientes y aumente el número de personas en edades laborales. Por lo tanto, sí la actual oferta de mano de obra es atendida y focalizada a alternativas laborales que permitan el desarrollo de las capacidades y el bienestar social. Actualmente más de una cuarta parte de las personas que estaban ubicados en una situación de dependencia en los años sesenta y setenta del siglo pasado podrían estar transfiriéndose al ámbito de la economía y la inversión en los próximos trece años.
    La contribución de la natalidad en el siglo XX fue positiva para generar esta ventana de oportunidades utópica, sin embargo, en el presente siglo el efecto de la natalidad ha pasado a ser negativo al haber un alto control de las tasas de fecundidad. Dejando sobre la mesa el incremento del envejecimiento y la generación de nuevos perfiles epidemiológicos que posiblemente demandarán una fuerte infraestructura en los programas de salud.

    El empleo informal continúa ocupando casi la mitad de la población económicamente activa y, pareciera que no hay condiciones favorables para disminuir está situación. De 2006-2028, la PEA se incrementará en 16.7 millones y de ellos 74.9 por ciento (12.5 millones) corresponderán al incremento de la fuerza de trabajo del grupo de edades de 15-59 años. Proyecciones económicas recientes para México indican que será necesario un crecimiento sostenido de 4.8 por ciento anual para que en 2030 se hayan creado suficientes empleos formales que permitan absorber casi totalmente la oferta de mano de obra.
    Por lo tanto, “si el estancamiento actual de la economía mexicana se alarga diez o quince años, el bono demográfico se convertirá en una pesadilla demográfica, la ventana de oportunidad se cerrará sin haberse siquiera abierto y, lo peor, México estará condenado a convertirse en un país viejo y pobre”.

    Es necesario pensar en alternativas para contrarrestar los efectos perniciosos del individualismo y el capitalismo exacerbado. La economía social es una alternativa que podría aprovechar el dividendo demográfico de manera adecuada y racional, fomentando al mismo tiempo, un replanteamiento del diseño de las políticas públicas, la regulación y humanización del capitalismo. Sin embargo, me temo que mucho dependerá del factor político encarnizado actualmente por el poder Ejecutivo y Legislativo y, definitivamente poco contrarrestado y cuestionado por la sociedad civil contemporánea.

    Sin embargo, a pesar de las contrariedades no hay que perder la esperanza, ni la iniciativa. Aún nos resta 13 u 15 años de bono demográfico.
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    Publicado por Marcela Cruz el año pasad
    Muchas gracias por compartir Fer.
    Efectivamente, no es mera coincidencia que la entrada del blog trate sobre los temas abordados en el artículo del prestigiado periódico; la realidad supera fronteras y el problema de los jóvenes es un tópico de la agenda internacional que debe ocupar a todos los países.
    Hemos venido trabajando estudios y diagnósticos sobre las temáticas que aborda el artículo que con gusto compartiré en las próximas entradas.
    Saludos.
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    Publicado por Fernando Segura el año pasad
    Marce, me encontré este artículo en "El país" y creo que coincide con el tuyo Un Saludo

    Los jóvenes tienen la palabra

    Nunca antes la población joven de América Latina había sido tan numerosa: 108 millones de personas tienen entre 15 y 24 años. Era una estadística previsible hace años. Pero el futuro ha alcanzado a la región y la oportunidad de aprovechar este empuje demográfico como motor de desarrollo se le está escapando de las manos. Mientras el crecimiento económico de la zona no superará el 1% este año (cuando entre 2000 y 2012 fue de una media del 4% anual), los gobiernos buscan, cada uno por su lado, alternativas para evitar la pobreza y la desigualdad entre los jóvenes. Disminuir el abandono escolar e incentivar el empleo digno son los objetivos prioritarios de las políticas públicas para este colectivo.

    En América Latina hay trabajo para los jóvenes, pero buena parte de este empleo es precario. Economías incentivadas por las actividades informales han dado lugar a tareas mal remuneradas y poco protegidas. Aunque la tasa de paro juvenil no es alarmante, pues se establece en un 14%, según la Organización Mundial del Trabajo (OIT), el panorama de la precariedad es patente. Las estadísticas revelan que, de cada 10 jóvenes con trabajo, seis lo desempeñan sin las garantías de Seguridad Social o estabilidad para el futuro. La proliferación del empleo sumergido abre una brecha entre la población y empaña el crecimiento de los países.

    El ingrediente clave para lograr calidad en el empleo es la educación. “Hay una relación directa entre el nivel educativo y la probabilidad de conseguir un empleo bien remunerado”, explica Rafael de Hoyos, economista del Banco Mundial. Una ecuación que algunos países latinoamericanos han comenzado a tener clara. México y Chile, por ejemplo, están buscando alternativas con la reforma de sus sistemas educativos, pero aún se encuentran en una etapa incipiente del ajuste del modelo.

    Las personas de menor edad

    han encontrado salidas a través del emprendimiento

    La OIT pone énfasis en que los jóvenes de la región no alcanzan un nivel de educación medio o superior (instituto o universidad). Solo el 35% sigue con sus estudios después de secundaria y esto repercute en sus oportunidades para conseguir un empleo, sobre todo de calidad. Países como Argentina, Chile, Costa Rica y Cuba han conseguido ampliar su cobertura educativa para aumentar las oportunidades laborales de sus juventudes, pero otras naciones como Guatemala y Nicaragua padecen importantes retrasos.

    La mejora en las condiciones laborales no solo va de la mano de una mayor cobertura educativa, sino de una enseñanza adecuada para los puestos de trabajo que el mercado necesita. Chile y Brasil se han distinguido por incluir en sus sistemas educativos programas enfocados a potenciar las competencias de los jóvenes en detrimento de los contenidos teóricos. América Latina ha adoptado sistemas de educación que no construyen valores y responsabilidades –como la puntualidad y el orden, que pueden ser útiles en el puesto de trabajo–, que no desarrollan lo que De Hoyos denomina educación socioemocional. Casi todos los países de la región se enfrentan a la dificultad de formar jóvenes para el empleo más allá de las habilidades y los oficios, explica.

    El vacío entre los empleos precarios y la educación poco eficaz ha dado paso a un fenómeno social entre los jóvenes: los ninis. Un colectivo de la población que no estudia, pero tampoco trabaja. El fracaso escolar se suma a esa visión de un futuro nebuloso. En América Latina 21,8 millones de personas de entre 15 y 24 años se encuentran en esta situación, según la OIT. Y más que disminuir, continúan creciendo. Los jóvenes se refugian en el vacío y la factura la pagará el desarrollo de la región. “La consecuencia de la inactividad se conoce como efecto cicatriz y tiene efectos duraderos en el tiempo. Son una población con menos productividad y que está lastrando la potencial tasa de crecimiento económico de sus países”, opina De Hoyos.


    Estudiantes en la escalinata de la Iglesia de San Miguel Arcángel en México DF. / Getty

    Cada vez que la tasa de ninis se incrementa un 1%, se registra una reducción del 7% en los salarios medios de los jóvenes, asegura un estudio del Banco Mundial. El 70% de los ninis son mujeres. Los gobiernos latinoamericanos trabajan a marchas forzadas para evitar el abandono escolar temprano, el gran causante de este colectivo de inactivos. Países como Bolivia, Paraguay y Ecuador luchan contra altas tasas de abandono escolar en Secundaria. Mientras que otros estados utilizan los denominados programas de transferencias condicionadas – ayudas para atacar la pobreza y evitar que los jóvenes dejen sus estudios– como Prospera (México) y Bolsa Familia (Brasil).

    Nuevas empresas

    Los jóvenes de América Latina han encontrado oportunidades laborales a través del emprendimiento, un fenómeno que está en auge en la región y que consigue dar empuje a la juventud con ingresos medios, sobre todo. Las empresas recién nacidas no solo generan puestos de trabajo sino que suelen ser empleos de mayor calidad que el resto. Abrir un negocio propio es casi un salto al vacío, expone De Hoyos, “está asociado a un gran riesgo y es una opción viable para aquellos que tienen acceso al capital”.

    “Si sales de la Universidad sin tener un poco de experiencia, es casi imposible encontrar chamba ”, comenta Juan Antonio Rivas, un arquitecto de 24 años que decidió abrir su despacho al terminar sus estudios. Las nuevas empresas creadas por jóvenes generan trabajos para otros jóvenes y, a la vez, representan una curva de aprendizaje entre los emprendedores que difícilmente obtendrían durante los estudios. “Hay una diferencia abismal entre lo que aprendes en la escuela y la realidad. Tus errores te cuestan a ti, te vuelves el doble de responsable”, asegura Mauricio Gobera, socio de Rivas, de 26 años.

    El lastre de la violencia

    La sección de sucesos del diario La Prensa de Honduras muestra la foto de dos jóvenes de 18 y 21 años. Franklin Pérez y Jester López fueron detenidos por la policía de San Pedro Sula acusados del homicidio de un chico de 11 años. La imagen del periódico refleja a unos adolescentes desafiantes que no se avergüenzan de confesar su delito. Honduras posee la tasa de homicidios más alta de la región: 100 homicidios por cada 100.000 habitantes.

    Los países optan por reformar la educación y dar recursos a los más vulnerables

    La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indica que las muertes de los jóvenes de entre 15 y 29 años en la región se deben principalmente a homicidios, accidentes y suicidios. Representan el 6% de los decesos que se producen en América Latina. El futuro de la juventud en algunos países, principalmente en Centroamérica, ni siquiera existe. “Una gran proporción de ellos no llegan a ser adultos porque mueren víctimas de la violencia”, explica Andrés Villaveces, investigador del Banco Mundial.

    Pobreza
    Diversos factores en el entorno acentúan su vulnerabilidad ante la violencia, entre ellos la falta de oportunidades de futuro y la existencia de grupos criminales que perpetúan su presencia a través de la población más joven. La Cepal estima que un 30,3% de los jóvenes latinoamericanos vive en situación de pobreza y un 10,1% en franca indigencia. Nicaragua, Paraguay y Honduras preocupan a los expertos por tener comunidades con los más altos índices de violencia.

    “La mayoría de la población en América Latina es juvenil. Cuando en un país los jóvenes crecen en un entorno y son testigos de violencia, tienen más probabilidad de reproducir estas conductas. La falta de oportunidades laborales y educativas son la puerta de entrada a que haya más probabilidades de ser víctimas o autores de violencia”, indica Villaveces.

    La prevención es primordial para que estos jóvenes no entren en el bucle de la violencia, reconoce el especialista. Ciudades como São Paulo y Bogotá han conseguido reducir sus tasas de criminalidad, de 80 a 18 homicidios por cada 100.000 habitantes, a través de programas que ponen control al alcohol y las armas de fuego. Estas urbes han logrado mejorar el ambiente en el que los más jóvenes se desenvuelven. “Es necesario desarrollar políticas que creen una necesidad deseable en cada país, porque hay que lidiar con las propias inequidades de América Latina”, apunta el investigador del Banco Mundial.

    Oportunidades para ellas

    La mayoría de los jóvenes que acceden a la escuela son mujeres. / Juan Mabromata

    Las mujeres jóvenes en América Latina tienen retos que superar en los próximos años, la mayoría de ellos relacionados con la educación y la sexualidad. El informe sobre la juventud de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reconoce que entre los jóvenes que tienen acceso a la escuela, la mayoría son mujeres. Según los investigadores, cuando tiene la oportunidad de estudiar este colectivo tiene más probabilidades de concluir sus estudios que los hombres. Sin embargo, los obstáculos para lograrlo son todavía muchos.

    Las actitudes conservadoras hacia el rol que las mujeres deben desempeñar en la sociedad las han limitado para conseguir mayores niveles de educación y, como consecuencia de ello, para obtener empleos dignos. “Las mujeres son las más excluidas de las oportunidades laborales y, a la vez, presentan las mayores tasas de finalización de los niveles educativos, lo que genera nudos críticos en esta articulación”, señala la Cepal. En países como México y Guatemala la participación de los hombres jóvenes en el mercado de trabajo supera en un 35% a las mujeres; en Honduras y Nicaragua la brecha alcanza el 63%.

    Las jóvenes han visto menguar sus oportunidades ante la maternidad durante la adolescencia y la juventud temprana. La Cepal reconoce que las mujeres que han sido madres después de los 20 años tienen menos probabilidades de caer en la pobreza. Las cifras indican que el 30% de las mujeres entre 15 y 24 años están casadas y un alto porcentaje de ellas no tiene acceso a anticonceptivos. Un 20% fueron madres durante la adolescencia, según el informe del Estado de la Población Mundial de Naciones Unidas.

    Las políticas públicas de salud sexual y reproductiva en la región todavía tienen tareas pendientes, según los expertos. Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay han comenzado a reforzar la educación sobre sexualidad, pero los prejuicios en algunos de estos países han impedido una mejor orientación para las mujeres. “El embarazo temprano, en particular cuando no es deseado, es un factor preponderante de la vulnerabilidad de los jóvenes, por el hecho de limitar notablemente sus oportunidades e imponerles obligaciones de cuidado desde una edad muy temprana. El gran desafío para América Latina es, por lo tanto, consolidar las condiciones para el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes, controlando que el embarazo responda a una decisión libre y protegiendo su desarrollo en todo momento”, apunta el organismo.
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    Publicado por Fernando Segura el año pasad
    Sin duda un pronóstico aterrador, una población envejecida e incapaz de realizar aportes a la economía. Coincido contigo en el diagnóstico, sin embargo considero necesario incorporar una muy corta visión de los tomadores de decisiones tanto en el sector privado como el público, donde se esperan utilidades inmediatas y resultados espectaculares.

    Finalmente es destacable que estas dependencias participen en conjunto para apoyar proyectos de más largo aliento.

    Recibe una felicitación.